Revisión

¿Por qué una mujer soltera sin hijos no puede ser la persona más sana y feliz del mundo?

Mujeres solteras y profesional

Diez conversaciones sobre sexo a las que ninguna pareja debería renunciar María Ester tiene 46 años, es soltera sin hijos, trabaja, estudia un magíster y vive sola. La investigación abarcó a hombres y mujeres que primero fueron entrevistados cuando tenían 11 años y se les hizo un seguimiento para saber qué fue de sus vidas 40 años después. Esto abarca a las que siguen estudios universitarios y de postgrado. Se podría decir que la revolución de las solteras partió en la década del 60 y 70, cuando los movimientos feministas incentivaron la autonomía e independencia de miles de mujeres europeas. María Ester es un claro ejemplo de ello. Viaja al extranjero por lo menos dos veces al año, después del trabajo va al gimnasio o a comer con sus amigas sin tener que darle explicaciones a nadie. La mujer no necesita de un hombre para tener una vida; si lo encuentra, perfecto. Sin embargo, como todo en la vida hay excepciones, pues hay mujeres solteras a quienes no se les ve radiantes y se quejan todo el tiempo.

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Su historia y su lucha es la de las miles de madres solteras en España una de cada diez familias es monoparental que cada fecha luchan por sacar adelante no únicamente a sus hijos, sino su propia vida personal y profesional. Las barreras para encontrar el amor o un trabajo que permita conciliar y llegar a fin de mes son únicamente dos de los grandes retos a los que se enfrentan superheroínas como Lorena cada día. Lorena Santamaría Vitoria, soñaba con ser madre desde perfectamente pequeña. No sospechaba el giro que daría su vida justo un mes después. Se quedó embarazada.

“Quedarme embarazada fue un shock. Soñaba con ser madre joven pero no fue planeado”

Lo que también es indiscutible es que las mujeres entre 40 y 50 años hoy en día nada tienen que ver con las mujeres de esa misma edad, pero de hace Antes, debido a nuestra acción solitarias como amas de casa, dedicadas a los hijos y a los maridos, con una vida que se limitaba a la casa, a anatomía cuidadoras de los mayores, los colegios, hacer disfraces y quedar para beber ese café con amigas, a muchas las empobrecía cognitivamente. No había el deseo de emprender, de ascender a nivel profesional, de desarrollarte ni empoderarte en el trabajo, no había yoga, pilates, ni gimnasio. No había la idea de quererte, respetarte, tener tu tiempo. Porque una esposa y una madre era una persona entrega a los suyos. Ella era invisible.